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Camino de Santiago 🤍

  • Foto del escritor: rafaela Mazzini
    rafaela Mazzini
  • 21 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 24 dic 2025


Hoy, a los 44 años, después de mucha terapia y de estar siempre en la búsqueda del autoconocimiento, pienso que en la vida tenemos momentos, puntos de inflexión. Algo ocurre en nuestro entorno o dentro de nosotras y todo cambia. Cambian las actitudes, las etapas, las perspectivas, y modificamos la ruta de nuestras vidas. Tenemos la oportunidad de parar, revisar y "cambiarnos de ropa". No siempre es algo “guay”. La mayoría de las veces son momentos muy profundos, con cambios fuertes, que determinan nuestros siguientes pasos. En algunas personas, esos cambios llegan forzados por las circunstancias de la vida.


Yo, hasta este momento, he tenido cinco puntos de inflexión muy determinantes. En algún momento escribiré sobre algunos de ellos, principalmente sobre el COVID, que fue uno de los más importantes y difíciles.


El año pasado hice el Camino de Santiago de Compostela, el tramo final del camino principal. Y si antes pensaba que había cambiado de ruta, en el Camino cambié de alma. Fue la experiencia más intensa, a nivel interno, que he vivido, un punto de inflexión.


El mítico Camino surge en el siglo IX como peregrinación a la tumba del apóstol Santiago. Durante siglos fue un camino de penitencia para los pecadores. Era un viaje peligroso, lleno de enfermedades, hambre, robos y accidentes, y no todos llegaban hasta el final. Quienes lo conseguían recibían el perdón de los pecados, el reconocimiento de los demás y la Compostela como prueba de su viaje. Al llegar, a los peregrinos se les entregaba una vieira, abundante en Galicia, que con el tiempo se convirtió en el símbolo del Camino.


El Camino no es solo una ruta, sino una red de caminos que cruzan Europa y terminan en Santiago de Compostela. Hay muchas rutas, pero las más conocidas son el Camino Primitivo, que sale desde Oviedo y es considerado el más duro, el Camino Francés, el más famoso, que comienza en Saint-Jean-Pied-de-Port, y el Camino Portugués, que sale desde Lisboa. Cada camino tiene su encanto y su dificultad. El más largo puede durar más de 30 días, mientras que otros más cortos se completan en aproximadamente una semana.

Yo elegí hacer el tramo final del Camino Francés, desde la ciudad de Sarria, en Galicia. Son unos 114 km aproximadamente, en cinco días. Físicamente fue muy difícil y me llevó a mis límites.


Ahora voy a lo que importa. ¿Qué es el Camino? ¿Qué se siente? Todo. Mi primer día no sabía qué esperar. No hay nada religioso en lo que yo viví, pero sí la mayor concentración de energía que he sentido.

Salía cada día a las cinco de la mañana y caminaba unos 25 km diarios, alrededor de cinco horas. Hice el Camino sola. Mi idea era escucharme, algo que en ese momento necesitaba mucho. Recuerdo perfectamente cuando un peregrino pasó a mi lado y empezamos a charlar. Me hizo un resumen rápido de su historia y luego me lanzó una pregunta que me dejó completamente descolocada: “¿Cuál es tu propósito?”

No supe qué responderle. Y así seguí durante todo ese primer día. Todas las personas con las que me crucé me contaban su historia y me hacían exactamente la misma pregunta.


En esos cinco días estuve en todos los estados de un ser humano. Pensé y revisé toda mi vida. Fue muy fuerte ver dónde llegué y cómo llegué. Todos los errores, los dolores, las alegrías, los sueños, los fracasos, las victorias. Esa soy yo.


Me crucé con personas de todas las edades, países, religiones y culturas. Fue profundamente enriquecedor escuchar sus historias y aprender de ellas. Todas tenían inquietudes sobre su existencia. Separaciones, pérdidas, decepciones, desilusiones, fracasos, gratitud, sanación, búsqueda de quiénes son. Una experiencia intensa y transformadora.


Al salir a las cinco de la mañana, sola, caminaba durante horas en la oscuridad, en medio del bosque. De forma sorprendente, no tenía miedo. Me sentía en paz. Un peregrino me dio un consejo muy importante.“Cuando entres en el bosque con la linterna, apunta siempre la luz al suelo. El bosque está lleno de animales y es su hábitat. Tú eres una invitada en su casa. Respeta.” Y eso fue exactamente lo que sentí. Caminé en la oscuridad escuchando a los animales a mi lado, acompañándome. Fue un momento muy emocionante.


Hay un instante que quiero compartir aquí, el más especial de todos. Un día estaba agotada. En ese momento recordaba un pasaje muy difícil de mi vida. No entendía por qué había elegido cierta dirección, y eso me había hecho sufrir mucho. De repente, el camino se abría en medio del bosque y, al final, aparecían dos nuevos caminos. El sol empezaba a salir. Escuché a los animales, vi mariposas y ese instante me dio una paz profunda. Empecé a llorar y a agradecer todo lo que tengo y todo lo que soy. Grabé un vídeo y, cada vez que pienso en la paz, lo vuelvo a ver y recuerdo lo afortunada que soy.


En la última hora empezamos a juntarnos todos los peregrinos. Hay una energía muy potente de superación y emoción. Yo, en esa última hora, solo lloraba de alegría. Al llegar a la plaza de la catedral, el último punto, me senté en el suelo y pensé:“Lo he logrado. Puedo con todo.


Después del Camino, todo fue diferente. Organicé mi cabeza y cambié la ruta de mi vida una vez más, pero esta vez de forma más consciente y más madura.

A pesar de hacer el Camino sola, estuve acompañada por mi gente durante todos esos días, enviando fotos cuando empezaba y cuando terminaba cada etapa. Aquí quiero destacar a mi tío Robert, que antes de que yo comenzara mi mudanza a Barcelona me prestó un libro que fue muy importante en su vida, Siddhartha, de Hermann Hesse. Antes de ir al Camino lo leí de nuevo. Mi tío fue uno de esos apoyos importantes durante esos días. Cada día me escribía, dándome fuerza y apoyándome para seguir incluso en los momentos más difíciles del Camino.


En Siddhartha, él también camina, se pierde, se equivoca, se cansa. Yo me reconocí ahí. En el proceso aprendí a detenerme, a escucharme sin juicio, a aceptar mis contradicciones y mis dudas. Y entendí que quizás no se trata de encontrar todas las respuestas, sino de aprender a lidiar con las preguntas. 


Ahora sí sé responder a la pregunta: ¿cuál es tu propósito?

Mi propósito es ser una persona mejor conmigo y para mí. Conozco mis límites, sé quién soy y lo que ya no quiero. Me encanta poder cambiar, cada día, la ruta de mi vida.



“El Camino de Santiago no te arreglará la vida.Pero puede ayudarte a escucharte con más claridad, sentirte un poco más ligeroy darte cuenta de que quizás tu vida no esté tan rota después de todo.La bondad existe.” (Una parte de un texto de ElCaminodeSantiago )




 
 
 

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